MURCIA, 23 de enero.
La Guardia Civil ha llevado a cabo una importante operación destinada a desmantelar un presunto caso de explotación sexual en una vivienda de la huerta murciana, resultando en la detención de un individuo acusado de coacciones, amenazas y explotación. Esta información fue confirmada por fuentes oficiales del cuerpo de seguridad en un comunicado.
La investigación comenzó tras una llamada de auxilio realizada por una mujer al Centro Operativo Complejo de la Guardia Civil en Murcia ('062'), donde relató estar siendo forzada a ejercer la prostitución en una casa de la zona agrícola. Aseguró que deseaba abandonar el lugar, pero su "jefe" se lo impedía.
Una vez notificada la situación, un grupo de detectives de la Policía Judicial asumió el caso, presentando la información ante la autoridad judicial. Con la recopilación de las pruebas necesarias, el personal de la Guardia Civil llevó a cabo un registro en una finca situada en la pedanía de Alquerías, Murcia.
Durante la intervención, los agentes encontraron a dos mujeres y un hombre español que contaba con antecedentes relacionados con delitos similares. Este individuo es el presunto proxeneta que operaba bajo un control estricto sobre las mujeres, quienes eran sometidas a la prostitución.
El sospechoso poseía una libreta con anotaciones detalladas sobre los ingresos generados por cada una de las mujeres, así como la cantidad de dinero que él retenía de cada servicio, cifra que nunca era inferior al 50%. Este ejemplo de explotación económica revela el verdadero enfoque mercantilista del detenido hacia sus víctimas.
Las condiciones higiénicas de la vivienda en la que se realizaban estas actividades resultaron ser deplorables, lo que evidenciaba un "total desprecio" por la integridad y salud de las mujeres afectadas.
Según las investigaciones, el detenido solía captar a sus víctimas en lugares estratégicos donde era probable encontrar a personas en situación de vulnerabilidad, como centros de acogida o áreas frecuentadas por individuos sin hogar.
El proxeneta aprovechaba la precaria situación económica de las mujeres para atraparlas y, una vez en la vivienda, las obligaba a mantener relaciones sexuales con clientes a cualquier hora, tanto de día como de noche.
De cada servicio, el proxeneta se quedaba con, al menos, el 50% de las ganancias, además de ejercer coerción y amenazas para que las mujeres no pudieran escapar.
En el momento de la operación, los agentes encontraron a dos mujeres víctimas en el lugar, aunque la investigación ha revelado que al menos seis personas más podrían haber estado involucradas en esta organización delictiva.
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