El Mar Menor mantiene parámetros saludables tras lluvias y aumenta vigilancia
El Mar Menor ha finalizado el verano con niveles de calidad del agua dentro de la normalidad. Las mediciones recientes muestran una oxigenación de 6 mg/l, una transparencia de 4 metros y turbidez en niveles mínimos de los últimos cinco años. La salinidad se mantiene en 43 g/l, casi igual que el año pasado, y la temperatura promedio alcanzó los 28 grados.
Tras las lluvias del pasado viernes, la entrada de agua dulce en el ecosistema ha duplicado la cantidad de agua que ingresa en comparación con el año anterior, alcanzando más de 11 hectómetros cúbicos. Este incremento, junto a la influencia del acuífero cuaternario y las ramblas, genera un escenario de vigilancia, aunque sin señales de alarma en la actualidad.
El gobierno regional ha anunciado medidas para reducir la entrada de agua dulce y mejorar el estado del ecosistema. Entre ellas, la conexión de las depuradoras de Torre Pacheco y Los Alcázares, que se adjudicará en breve con una inversión de casi 3 millones de euros. La obra busca disminuir la carga de agua no tratada en el Mar Menor y se ejecutará en un plazo de 12 meses.
La gestión de las ramblas y la limpieza de sus cauces son prioridades para evitar que residuos como cañas y algas lleguen al mar tras las lluvias. La intensidad de los caudales, que en algunos momentos superaron los 65.000 litros por segundo en la rambla del Albujón, refuerza la necesidad de mantener estos cauces limpios y controlados.
Los análisis del martes pasado reflejaron un aumento en turbidez y niveles de clorofila, pero sin parámetros preocupantes. La calidad del agua sigue siendo favorable y la vigilancia continuará en los próximos días, con la intención de prevenir posibles impactos negativos en el ecosistema.
Este escenario se enmarca en un contexto político donde la gestión del Mar Menor ha sido objeto de debate y presión por parte de diferentes actores políticos y sociales. La respuesta del gobierno regional busca equilibrar la protección del ecosistema y la implementación de acciones inmediatas frente a los desafíos derivados de las lluvias y la actividad humana. La perspectiva futura apunta a una mayor inversión en infraestructuras y en la recuperación del ecosistema, con un enfoque en la sostenibilidad a largo plazo.