El Ministerio Público ha decidido ajustar la pena solicitada para el hombre acusado de asesinar a una mujer en la pedanía de El Palmar, en Murcia. Originalmente, la fiscalía pedía 28 años de prisión, pero con base en la confesión tardía del detenido, la petición ha sido rebajada a 21 años.
Esto fue expuesto por la representante de la Fiscalía durante la cuarta jornada del juicio, donde el jurado popular tuvo la oportunidad de escuchar testimonios emotivos de los padres de la víctima, así como de un vecino que es policía local y que estuvo presente en la investigación posterior al crimen.
A pesar de la modificación en la pena, se mantiene una circunstancia agravante, ya que el acusado intentó ocultar su identidad mediante el uso de accesorios como gafas, braga y gorra al presentarse ante la víctima, a quien conocía previamente.
La propuesta de la fiscalía incluye una condena de 20 años por el asesinato y un año más por el robo con violencia, además de una multa diaria de 3 euros durante un mes por un leve delito de lesiones.
Durante la sesión, se mostró un inquietante video de una cámara interna en el hogar de la víctima, donde se observa a la mujer insistiendo en que no tenía dinero, mientras el acusado le exigía efectivo bajo el pretexto de una urgencia relacionada con su hermana.
Por su parte, el abogado de Evaristo Llanos, el hijo de la finada, ha solicitado la absolución de su cliente, quien enfrenta acusaciones de haber conspirado para robar a su propia madre, según la Fiscalía.
En una de las sesiones iniciales del juicio, el acusado reveló que tenía un acuerdo con el hijo de la víctima para "dividir" el dinero de una supuesta herencia que la mujer guardaba en su casa. Se alega que el joven había manifestado que su madre no le entregaba el dinero que consideraba suyo.
Según la versión del homicida, el hijo se quejaba de que su madre había tomado dinero que le pertenecía y había instalado cámaras para vigilarlo. “Me decía que robáramos; que ese dinero me ayudaría a estar más tranquilo”, declaró el procesado.
Ambos hombres, de acuerdo con el relato del confeso asesino, habían acordado un plan: el hijo se marcharía en coche a un centro comercial, mientras que el acusado aprovecharía la ausencia para entrar en el hogar y sustraer el dinero que supuestamente allí se guardaba.
Incluso habían planeado que, en caso de ser atrapados, atribuirían el delito a "moros" que, según ellos, serían contratados por una colega de trabajo con la que habían tenido problemas.
El hombre, que llegó disfrazado a la casa, tocó el timbre y cuando la mujer abrió, la exigió dinero. Sin embargo, ella lo reconoció, lo que llevó al acusado a confrontarla, resultando en una violencia inesperada. "Me puso nervioso y comencé a golpearla", confesó.
El hijo de la víctima, respaldado por su familia, ha reiterado que no tuvo relación con el crimen y que su vínculo con su madre siempre fue sólido. “Ella era todo para mí, nuestra relación fue perfecta, fue mi salvavidas”, afirmó, subrayando su dolor ante la trágica situación.
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