El 18 de noviembre, una reciente investigación revela que la Región de Murcia enfrenta alarmantes cifras en cuanto a la violencia de género, con un promedio de 22 denuncias al día, lo que representa alrededor del 4% del total nacional en España. Este análisis se encuentra en la décimo tercera edición del informe titulado ‘Violencia de género y empleo’, elaborado por el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco, que ha contado con la colaboración de 18 empresas del sector privado.
El estudio indica que la Región de Murcia ha logrado ser la segunda comunidad autónoma con la mayor reducción de denuncias por violencia de género en los últimos años, pasando de 8.898 denuncias en 2023 a 8.046 en 2024, lo que equivale a una disminución del 9,5%. La única comunidad que supera este descenso significativo es Extremadura, que ha registrado una baja del 20% en sus cifras.
A pesar de esta reducción, la Fundación Adecco advierte que hay dificultades para establecer una conexión directa entre el empleo y la protección contra la violencia de género, señalando que la condición laboral de las mujeres no determina por sí sola su situación como víctimas, ya que esto depende de la conducta del agresor.
Sin embargo, los datos revelan que el desempleo aumenta la vulnerabilidad de las mujeres. Un 67,8% de las encuestadas que reportaron sufrir agresiones no contaba con un empleo en el momento de los hechos, y un abrumador 91% indicó que se sienten más expuestas, dependientes y aisladas al estar sin trabajo.
Entre las mujeres víctimas que se encuentran desempleadas, el 68% ha experimentado amenazas o presiones económicas relacionadas con la falta de ingresos. Estas amenazas incluyen la retención de dinero para gastos básicos, presiones sobre los gastos de los hijos y obstaculización en la búsqueda de empleo.
Begoña Bravo, directora de Inclusión de la Fundación Adecco, enfatiza la relación entre la dependencia económica y el control que un agresor puede ejercer sobre su pareja: "La situación de dependencia puede ser utilizada para incrementar el control y la opresión. Por lo tanto, acceder a un empleo va más allá de obtener ingresos; se trata de restablecer la dignidad y el control sobre sus vidas".
Además, el informe destaca que el 49% de las mujeres víctimas en situación de desempleo lleva más de un año buscando trabajo sin éxito. Las principales barreras identificadas para la búsqueda laboral incluyen el desconocimiento sobre cómo abordar la búsqueda (65,3%), una autoestima deteriorada (64,2%), responsabilidades de cuidado no compartidas (51,7%) y el miedo a ser localizadas por el agresor (46,4%).
Un 75% de las mujeres opta por no mencionar su estado de víctima de violencia de género durante las entrevistas laborales, temerosas de que esta información sea prejuiciosamente utilizada en su contra, perpetuando la percepción de que las mujeres sobrevivientes son inseguras o problemáticas.
Por otro lado, el 72% de las mujeres que han logrado acceder a un empleo creen que este hecho minimiza el riesgo de volver a experimentar violencia de género, ya que les proporciona un aumento en la autoestima (87,5%), una mayor estabilidad económica (84,2%) y una más amplia red de contactos (69,1%).
La investigación se basa en una encuesta realizada a 490 mujeres que están superando procesos de violencia de género. Del total de encuestadas, el 53% considera la búsqueda de empleo como un paso esencial hacia su recuperación e independencia, mientras que el 47% ya ha conseguido trabajo.
En términos generales, en 2024 se registraron en España un total de 199.094 denuncias por violencia de género, cifra que se mantiene relativamente constante respecto al año anterior (199.282), resultando en un promedio diario de 544 denuncias.
Begoña Bravo también señaló que, aunque la estabilidad en el número de denuncias podría interpretarse positivamente como un signo de confianza y visibilidad creciente, también plantea dudas sobre las barreras que aún impiden a muchas mujeres buscar el apoyo que necesitan.
Finalmente, Bravo apuntó que factores coyunturales, como una posible disminución en la actividad judicial, podrían influir en la disminución de denuncias, pero también es fundamental considerar causas estructurales como el miedo, la dependencia económica y la desconfianza en los sistemas de protección. En este contexto, el empleo sigue siendo una herramienta clave para que las mujeres recuperen su seguridad y autonomía, dotándolas de independencia económica y conexiones sociales que fortalecen su confianza y búsqueda de una vida mejor.
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