Crónica Murcia.

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Más de la mitad de los murcianos prescinden de la inteligencia artificial, revela un estudio.

Más de la mitad de los murcianos prescinden de la inteligencia artificial, revela un estudio.

Un reciente informe revela una notable disparidad en el uso de la Inteligencia Artificial (IA) entre los jóvenes y los adultos mayores, destacando así una clara división generacional en el ámbito digital.

La preocupación más sobresaliente entre los encuestados se relaciona con el uso indebido de herramientas digitales, como el acoso, la humillación y la extorsión de personas. Desde Murcia, el 14 de enero, se anunciaron los hallazgos de un estudio sociológico sobre la adopción de la IA en esta región.

Según el Estudio Sociológico sobre el Uso de la IA en Murcia, desarrollado por el Observatorio Español de Estudios Demoscópicos (OBEDE) de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), el 54,9% de los murcianos no emplea esta tecnología. Por otro lado, un 36,8% sí lo hace de alguna forma: un 11,6% la utiliza en el ámbito personal, un 7,3% en el profesional y un 17,9% en ambos contextos.

Este estudio, fundamentado en 800 entrevistas realizadas entre el 18 y el 28 de noviembre de 2025, pone de manifiesto que las preocupaciones de los ciudadanos se desvían de los aspectos puramente tecnológicos o laborales hacia cuestiones éticas más profundas.

Más que la pérdida de empleo o la complejidad técnica, los encuestados se centran en la protección de los menores, la privacidad y el control de su información personal, poniendo de relieve una serie de inquietudes sociales emergentes.

La distancia generacional es significativa: un sorprendente 61,3% de los jóvenes de 18 a 30 años utiliza la IA de alguna forma, en contraste con solo el 17,8% de las personas mayores de 65 años.

El uso profesional también revela un gran contraste; mientras que el 18,7% de los jóvenes hace uso de la IA en su trabajo, este porcentaje cae a un alarmante 2,2% entre los mayores. Por tanto, este fenómeno del uso de la IA se presenta como marcadamente generacional.

Francisco Arcas, ingeniero de Informática y experto en tecnología de la UCAM, ha puntualizado que los datos evidencian una significativa brecha en la adopción de esta tecnología. Además, argumenta que la cifra de solo el 36,8% que interactúa conscientemente con la IA no representa el verdadero uso de la tecnología, sino una percepción errónea del mismo.

Aunque la IA está presente en los dispositivos móviles y en aplicaciones comunes, la mayoría de la población no se percata de su interacción consciente con esta tecnología. Arcas recordó que a finales de 2025, España contaba con más de 62 millones de líneas móviles y que el 95% de los usuarios dispone de un smartphone, dejando entrever que el uso real de la IA podría ser considerablemente mayor.

Federico Juárez, director de la Cátedra de Inteligencia Artificial de la UCAM, complementó estos hallazgos al indicar que se observa un fenómeno de "digitalización invisible", resaltando que solo un 7,3% utiliza la IA exclusivamente por razones laborales.

En el ámbito laboral, Juárez advirtió que "los empleados están empleando herramientas no reguladas ('Shadow AI') a un ritmo que supera la capacidad de las empresas para gestionarlas", lo que conlleva riesgos significativos en términos de gobernanza.

Las preocupaciones de la ciudadanía se concentran principalmente en aspectos éticos y sociales. En particular, la posibilidad de que la IA pueda resultar peligrosa para los menores obtiene una gran puntuación, seguida por los riesgos de vulneración de la privacidad y la gestión de datos personales.

El miedo a que la IA sea capaz de controlar las decisiones de las personas sin su consentimiento se coloca en un segundo plano, mientras que la preocupación por el desempleo queda relegada a un tercer nivel.

El estudio indica que el temor por la seguridad de los menores se intensifica considerablemente entre los mayores de 65 años, pasando de una valoración de 3,7 entre los jóvenes a 4,5 entre los adultos mayores. La preocupación por la privacidad también aumenta considerablemente con la edad.

Aunque la inquietud laboral es la menos acentuada, esta también crece con la edad, siendo más elevada entre las personas de 45 a 64 años.

Juárez resumió estos hallazgos destacando que la preocupación por la pérdida de empleos es relativamente baja en comparación con los temores más urgentes sobre la seguridad moral de los menores y la privacidad familiar.

Desde un punto de vista técnico, Arcas también coincidió en que el enfoque de la preocupación de la sociedad ha cambiado, priorizando la integridad de los datos y la protección de grupos vulnerables por encima de los impactos económicos.

La alarma social respecto a la IA aumenta considerablemente cuando se asocia con usos malintencionados, como el acoso, la extorsión y la manipulación de imágenes, alcanzando la puntuación más alta en el estudio.

La desinformación en cuestiones de salud y los abusos en el ámbito de la política y los conflictos militares también generan preocupaciones significativas, aunque el temor a la difusión de rumores sobre la vida privada de figuras públicas es considerado menos relevante.

La preocupación relacionada con el acoso de menores se intensifica entre los encuestados mayores, lo que refleja una tendencia de desconfianza hacia el contenido digital en un clima social tenso.

Arcas interpretó que estos resultados indican una creciente alarma social, especialmente en lo relacionado con el uso indebido de herramientas digitales generativas.

Finalmente, Juárez enfatizó que la ciudadanía ha dejado en claro sus prioridades, donde la protección ante los abusos digitales prevalece sobre el crecimiento económico, sugiriendo que la próxima fase en el desarrollo de la IA será un debate humanista más que tecnológico.